La extorsión por cupos llegó al Gobierno

Por, Mario Huamán Rivera  

 

El fujimorismo es una posibilidad desde que el primer ministro, Fernando Zavala, asistió al Congreso para alabar el gobierno de Alberto Fujimori, resaltando avances económicos, pero omitiendo los crímenes de lesa humanidad que lo llevaron a la cárcel y los robos millonarios de Fujimori, Montesinos y asociados.

 

Desde entonces, a los buenos modales de la bancada de Peruanos Por el Kambio, los fujimoristas respondieron con la rabia de una derrota no asimilada y la ausencia de una lideresa que prefiere manejar los hilos del poder vía chat.

 

El “plan de gobierno” de Fujimori se ejecuta desde el Congreso, y esto se visualizó con el secuestro en su partido (con una ley de transfuguismo) de Yeni Vilcatoma. El estilo matón con el que se actúa en la bancada naranja lo reveló ella misma a la prensa: “Becerril me encerró, me gritó y casi me agrede físicamente”.

 

Esa misma actitud matonesca ha mostrado el congresista Becerril tras el endeble mensaje presidencial, señalando que de todas maneras votarían por la censura al ministro Jaime Saavedra, quien promueve una reforma por la calidad de la educación, acabando con el negociado de las universidades bamba del que usufructúa la coalición Apra-Fuerza Popular. Y la censura se concretó.

 

La derecha conservadora representada por la alianza fujiaprista busca debilitar al Gobierno de PPK, imponerle condiciones y dictarle medidas que respondan a sus intereses particulares. Es un ejercicio de intolerancia y autoritarismo. No existe un “fujimorismo democrático” ni renovado. El fujimorismo es antidemocrático por definición, y es sinónimo de corrupción y asesinatos. No olvidemos que el Grupo Colina asesinó, el 18 de diciembre de 1992, a Pedro Huilca Tecse, secretario general de la CGTP, que se opuso a la dictadura.

 

La protesta pacífica #TomaLaCalle del lunes pasado ha manifestado el repudio a la coacción fujimorista, a quienes extorsionan al Gobierno para conseguir cupos y prebendas en los poderes del Estado, incluyendo el Ministerio de Educación.

 

PPK debió asimilar que la marcha fue una llamada de atención a la forma excesivamente blanda con que encara la arremetida de la bancada naranja (propio de “pusilánimes”, en palabras de Rosa María Palacios).

 

La ciudadanía que salió a votar contra el fujimorismo, quienes se pronunciaron en contra de una nueva dictadura, los que lo llevaron al sillón presidencial, son quienes salieron a marchar mostrando que estamos en pie de lucha para evitar que se ejerza una dictadura desde el Congreso.

 

Pero PPK ha optado por no enfrentar el problema. Su llamado a la reflexión y el diálogo no será escuchado por la bancada fujimorista. La democracia requiere defensores reales y convencidos; si no están en el Ejecutivo, será el pueblo en las calles quien defienda la democracia. (Diario UNO diciembre 16, 2016)