Con el Covid-19 se enriquecen oligopolios de la CONFIEP, por Luis Villanueva Carbajal

 

El Perú se encuentra entre los primeros países del mundo con mayor número de muertos e infectados, con millones de desempleados y personas sin asistencia del Estado.

Esto se debe a un sistema de salud ineficiente y que tiende a la privatización, un mercado laboral informal que no respeta derechos laborales, un país entregado a las empresas, que no apuesta por generar bienestar social en su población.

Los países con más contagios y muertes por Covid-19 en La­tinoamérica y el Caribe tienen gobiernos neoliberales, como el Perú. En cambio, Cuba, apenas 85 a pesar del bloqueo criminal de los EEUU.

Si bien no se mata a la población directamente, se la deja morir en hospitales, en sus casas, en las calles. Camionadas de muertos van a cementerios clandestinos. Las epidemias son inevitables, después del SARS de 2002, la gripe aviar de 2005, la gripe porcina de 2009 y 2012 (MERS), el dengue de siempre; el sistema de salud siguió privatizándose y los Gobiernos fueron disminuyendo el presupuesto para proteger la salud del pueblo.

Este panorama empeora con el despilfarro de S/ 60,000 millones de Reactiva Perú que no llegó ni al 3% de las MYPE, pero sí ha beneficiado a los oligopolios de la CONFIEP, a empresas investigadas por corrupción, otras que se beneficiaron con los ceses colectivos, clínicas que cobran medio millón de soles por paciente, que han visto en la pandemia una oportunidad de lucrar con la muerte.

Por ello, los trabajadores salimos a las calles el 23 de junio, en la “Movilización por salud y vida, trabajo y alimentación”, en una jornada nacional de lucha convocada por la CGTP a cien días de la cuarentena con hambre a la que nos ha conminado el Gobierno.

Han sido mayormente los medios internacionales los que han informado la verdad: la protesta se realiza porque la economía peruana se hunde, existen millones de nuevos desempleados, hay 3000 contagios diarios, se prevé una hambruna, y se concede el lucro a las grandes empresas, mientras los pobres ponen la mayor cuota de sangre en esta pandemia esperando los bonos fantasmas que nunca llegan.

Esta realidad que enardece es la que combaten los trabajadores en las calles, demandando un verdadero bono universal de 1000 soles, el rechazo a la amenaza del recorte de los servicios básicos, atención a las demandas de los aportantes y exaportantes de la ONP, entre otras exigencias.

Los trabajadores y el pueblo organizado seguiremos exigiendo al Gobierno políticas coherentes que beneficien la salud y vida, el trabajo y alimentación de los peruanos desposeídos. No se puede obligar a un pueblo a no luchar por su bienestar y que mire pasivamente cómo se enriquecen con la pandemia los oligopolios de la CONFIEP.

(Tomado del diario UNO, 30 de junio de 2020)